domingo, 6 de octubre de 2019

La fascinación



Este hermoso cactus me lo regaló una mujer por la que sentí fascinación, una mujer a la que amé con todo mi ser y a la que volvería a amar si viviera otra vez. 

Ella también me quiso y vivimos días inmensamente felices.

Pero esa felicidad poco a poco se fue diluyendo dando paso a tristes y amargos días. Quizá fueran las circunstancias, lo que el destino tenía para nosotros o lo que fuera, pero ella empezó a mostrar un carácter frío, distante, tóxico, altivo, soberbio, hostil, retorcido y rencoroso donde las eternas discusiones eran el pan de cada día.

Tras las discusiones venían largos periodos donde reinaba la distancia y el silencio. Solo el silencio y la distancia lograban poner algo de paz en la tormentosa relación.

Yo sé que no soy perfecto y que me equivoqué en muchas cosas y probablemente sea culpable de otras tantas, pero aún en las etapas más oscuras siempre le mostré y le demostré mi amor incondicional, hice cuanto supe y cuanto pude, luché hasta el final y todo cuanto hice lo hice solo movido por amor.

Pero todo fracasó. 

No supe, (supimos), dar con la llave de la felicidad. No nos supimos comprender ni ayudar.

Quizá algún día se de cuenta de que a pesar de todos los conflictos, en este mundo sólo cuenta el amor.

Guardo su cactus con el mismo amor que lo recibí de ella el día que me lo regaló. Crece sano y hermoso, ahora es un gran cactus.

De ella guardo las espinas que me dejó clavadas en el corazón.

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