En un principio Dios creó los cielos y la tierra.
Y la tierra estaba desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas y separe las aguas de las aguas.
E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y así fue.
Génesis 1:1-1:7
Y mas allá de credos y con aspectos curiosamente semejantes, la comunidad científica ha dado pasos de gigante en las últimas décadas para lograr comprender el origen del universo.
Y parece que hay bastante consenso en aceptar que hace unos catorce mil millones de años se produjo una singularidad al concentrarse una densidad inimaginable en un punto y estallar produciendo una especie de caldo de partículas en expansión que fueron interactuando y creando la materia que hoy conocemos, el universo conocido.
Quedan muchas preguntas por resolver, pero cada vez estamos más cerca del gran enigma.
Aunque la gran pregunta podría ser qué consecuencias podría conllevar la resolución del gran enigma.
Quizá el universo temblaría en diversos órdenes, desde la lucha del poder por el uso de ese conocimiento y sus aplicaciones a tambalearse las bases del pensamiento filosófico, ético y místico.
Quizá conocer el origen sea el final.
O quizá simlplemente al conocerlo se abran más campos a la curiosidad e investigación en una rueda sin fin...
Yo no soy físico ni teólogo, pero el conocimiento me parece una aventura fascinante.