Esta escena tiene un gran factor emocional y sentimental para mi. En los años 60 mi abuelo pintó este reloj, en mi infancia buena parte de mis juegos se desarrollaban bajo su atenta mirada.
Muchas cosas han pasado desde entonces, momentos de felicidad, de esperanza, de ilusión, pero también de profunda tristeza, tragedia, dolor y amargura... Unos se fueron y otros llegaron, así es la vida y él como testigo.
En un reciente viaje pude comprobar que aún seguía ahí, marcando el paso de las horas, resistiendo estoicamente el paso del tiempo, alegre, optimista, regalando su sonrisa, siempre, pese a todo.
Mi abuelo hubiese estado orgulloso de que como tantísima gente, sus bisnietos vieran el paso del tiempo marcado por la sombra manecilla, ellos, con una sonrisa de admiración, lo vieron.